¡Explorando la isla sin motor! | Selle Royal

¡Explorando la isla sin motor!

People & Partners
Productos y tecnología

¡Explorando la isla sin motor!
Noviembre 2016

Esta es la historia de Carlo, un joven explorador de solo seis años de edad.
Carlo y su hermano nunca saben dónde irán de vacaciones, porque sus padres, que aman viajar, buscan despertar en sus hijos la pasión de explorar cambiando de meta todos los años. Este año Carlo y su hermano sabían solamente que irían a la playa. Todo el resto era un misterio... Primero en avión, luego en autobús, después en barco. Y de repente aparece la isla de Porquerolles, cerca de Marsella.

En cuanto Carlo bajó del barco, se quedó maravillado por la cantidad de colores y sonidos que poblaban aquel pequeño trozo de tierra. El puerto estaba lleno de embarcaciones amarradas y una multitud de gente salía del transbordador y se echaba a caminar por las callejas del pueblo gritando y riendo con alegría. Había solo un sonido que faltaba...

Aun esforzándose, Carlo no conseguía escuchar ruido de motores. No había coches, ni motos, ni ciclomotores. Ningún vehículo a motor podía circular por la isla: ¡más de doce kilómetros cuadrados en los que la única dueña de las calles era la bicicleta! Un paseo breve de exploración le permitió notar la existencia de un simpático pueblo en el que todos, habitantes y turistas, se movían exclusivamente en dos ruedas o a pie.

“Una ocasión excelente para aprender de una vez por todas a pedalear”, pensó Carlo inmediatamente. Así la familia alquiló unas bicis y se puso a descubrir todos los caminos de Porquerolles. Para que el niño se acostumbrara, papá Marco decidió alquilar un trail-gator; la idea era ayudarlo a adquirir confianza en sí mismo y enseñarle a mantener el equilibrio necesario.

En cuanto Carlo se subió a la bici y cogió el ritmo, tuvo ganas de explorar toda la isla. Sin parar un segundo, apenas llegó a la playa de Notre Dame, se puso en marcha en dirección de Fort Sainte Aghate, en la cima de la colina, y de allí derecho al puerto a ver las embarcaciones.

No fue difícil moverse por la isla, porque había innumerables caminos de tierra que permitían llegar a todos lados. Sobre todo a las increíbles playas de colores intensos rodeadas de pinedas: ¡Plage D’argent, la Courtade y Plage du Langoustier son bellezas únicas y espectaculares!

La bici de papá Marco estaba equipada con un sillín Respiro Soft Athletic, Gracias al acolchado de Royalgel™ y al canal de ventilación central, esta línea de sillines da la posibilidad de pedalear con menos presión y de mantener una aireación constante en el región perineal.

Estas vacaciones han enseñado a Carlo que vale la pena aprender a andar en bicicleta, porque en bici se puede ir a todos lados: basta con tener el equipo correcto, estar un poco en forma y tener ganas de descubrir lugares nuevos.

Comentarios 0