¡Una aventura de 2600 km para descubrir el West! | Selle Royal

¡Una aventura de 2600 km para descubrir el West!

People & Partners
¡Una aventura de 2600 km para descubrir el West!
Mayo 2018

Hay quienes se dedican, por vocación, a aprender el derecho tributario. Hay otros, en cambio, que prefieren profundizar el conocimiento de los idiomas antiguos. El arameo tal vez...
Y están los que deciden viajar en bicicleta. Quienes lo hacen, viajan para descubrir la naturaleza, sus sonidos y sus olores; para sentir el viento en la cara; para vivir todos los días con auténtica intensidad; para disfrutar plenamente de la libertad; para concebir el viaje como una experiencia de intercambio con las personas que encontrarán por el camino; y también, obviamente, por el simple placer de pedalear.
Estos son los fundamentos de la vida de Roberto Cassa, un aventurero que viaja por el mundo en bicicleta y que en las últimas semanas ha decidido probar suerte en los sorprendentes territorios del oeste americano.

Roberto, que hace un mes se fue de viaje con un Scientia bajo el brazo, ha decidido compartir su aventura con Selle Royal, regalándonos una historia que los auténticos fanáticos del ciclismo y de la naturaleza no pueden perderse.

Hola Roberto, te damos la bienvenida después de tu aventura en la West Coast de Estados Unidos Antes que nada, ¿cómo estás? ¿Fue muy cansador el viaje?En teoría, fue un viaje difícil: 2600 kilómetros en 33 días, con 27,000 metros en desnivel. Pero cuando te estás divirtiendo, ¡sientes menos la dificultad! Ahora que he llegado, empiezo a sentir el peso de los kilómetros que he hecho. Durante la aventura, en cambio, vivía el día siempre con serenidad, incluso en Oregón, donde llovió durante cinco días seguidos. Es mi pasión, si me pesara, me dedicaría a otra cosa.

Antes de salir, habías establecido una ruta (partida de Seattle con dirección a Vancouver, luego descenso por la West Coast hasta Los Ángeles), ¿hubo desvíos o seguiste la ruta planeada?En general, seguí la ruta planeada, pero me vi obligado a desviarme en la Big Sur, al sur de Monterey, en California: la carretera costera estaba cerrada debido a un deslizamiento de tierra durante la temporada de lluvias. Fui hasta donde pude, luego volví sobre mis pasos y tomé un tren para recuperar tiempo y ahorrarme 200 kilómetros de carretera interna.

Has tenido la posibilidad de pasar por grandes ciudades y hermosas reservas naturales: ¿cuál fue el lugar que más te impresionó? La West Coast es única por la variedad de paisajes: todos los días el horizonte cambia de manera radical. La mirada se pierde entre las inmensas extensiones de tierra, las imponentes montañas nevadas y la exuberante vegetación del Estado de Washington. También están las rocas alisadas por el viento, las zonas salvajes, la costa accidentada y los pequeños pueblos típicos de Oregón. Por último, uno llega a los bosques milenarios con sus imponentes secuoyas, donde el sol y la tierra roja contrastan con el azul del cielo californiano. ¡Las secuoyas del Redwoods National Park me dejaron literalmente sin aliento! Mirando a estos enormes gigantes plantados en la tierra desde hace cientos de años, sentía que me hacía más ligero a cada kilómetro que recorría.

Además de los kilómetros, de la tierra y del asfalto, tu viaje se caracterizó también por el contacto con la cultura local y los lugareños. ¿Cuál fue el encuentro más significativo? ¿Y el más divertido?
Sin duda, en este mes tuve varios encuentros interesantes: un pescador de salmón de Alaska, por ejemplo, que me alojó en su casa, me contó historias increíbles sobre sus aventuras con estos peces y me ofreció uno para cenar. Después conocí a una pareja de novios que cruzaron Centroamérica y Sudamérica en bicicleta; me contaron que a menudo tuvieron que escapar de situaciones realmente peligrosas, debido a la semejanza entre él y el Mesías: a menudo las personas, en lugar de saludarlo, se persignaban.
La mayoría de mis días terminaron así, compartiendo historias con personas que había conocido por el camino.

¿Qué te pareció el equipo que has llevado?
Dado que viajo en bicicleta desde hace cuatro años, sé lo que es realmente importante y cómo viajar lo más ligero posible. O al menos eso pensaba.
El sillín 
Scientia ha revolucionado mi experiencia de viaje; en mis aventuras anteriores tuve varias veces problemas con el sillín, tanto mientras pedaleaba como al final del día. Con Scientia, en cambio, no tuve la menor dificultad, y esto benefició mucho todos los aspectos del viaje, dándome la posibilidad de vivir con serenidad la aventura. Después de la experiencia con este sillín, Scientia será lo primero que pondré en la maleta cuando me toque hacer otro viaje largo en bicicleta.

¿Cómo son las pistas para bicicletas en esa parte de América?
La West Coast es un viaje que atrae a un buen número de cicloturistas, por lo que las carreteras a lo largo de la costa tienen siempre un espacio para bicicletas. Sin embargo, también hay rutas muy rápidas, donde los límites de velocidad son altos, y no puedo decir que me sintiera completamente seguro en ellas, especialmente en los días lluviosos.
De hecho, a lo largo de la costa no hay carriles bici. Por el contrario, cerca de las grandes ciudades hay muchas rutas para bicicleta: en Seattle, por ejemplo, anduve por un fantástico carril bici que cruza la ciudad y se extiende por 30 kilómetros hacia el norte, a través del bosque y al lado de un lago.

¿Ha habido algún suceso inesperado? ¿Cómo te manejaste?
Las aventuras están siempre llenas de sucesos inesperados y este es uno de mis aspectos favoritos, un verdadero signo de la libertad que caracteriza mis viajes. Pero me acuerdo de un día en que sucedieron varias cosas inesperadas; y entre ellas, una realmente negativa: el mal funcionamiento de ambos frenos.
Era el día en que tenía que salir hacia la que teóricamente era la ruta más difícil: 110 kilómetros, con lluvia y más de 2000 metros en desnivel.
Casi en seguida entré en el espeso bosque californiano: los árboles eran tan imponentes que tenía la impresión de estar pedaleando en una tierra de gigantes, y en la ruta no había mucho tráfico, pasaba un coche cada media hora.
En Leggett llegué al pico más alto, y a unos 600 metros de allí empecé un descenso de 14 kilómetros, para luego volver a subir. Al ver que me acercaba a la primera curva, traté de reducir la velocidad pero, curiosamente, no pasó nada: ¡ambos frenos estaban completamente rotos! Aun sintiendo un pánico creciente, me concentré al máximo para superar todas las curvas sin frenos: la primera curva cerrada se acercaba y yo iba demasiado rápido, así que puse mi pie en el suelo y reduje la velocidad lo suficiente como para poder hacer la curva. Las curvas siguieron una tras otra y yo, con la planta del pie bien anclada al suelo, iba frenando lo suficiente como para no chocar contra las rocas.
Por suerte no perdí el control, y por eso, cuando el descenso terminó, la única cosa dañada fue... ¡la suela de mi zapatilla!
A esa altura, faltaban solamente dos horas y media para que se fuera la luz, y la energía que me quedaba era muy poca. De repente, de una manera totalmente inesperada, estalló una tormenta con fuertes lluvias y viento Me di cuenta inmediatamente que estaba en una situación de emergencia, y fue entonces cuando mi cuerpo liberó una fuerte descarga de adrenalina, que me recargó por completo.
En medio de la tormenta, pedaleé sin parar y llegué finalmente a una ciudad, donde encontré refugio gracias a Warmshowers, una plataforma similar a Couchsurfing, pero dedicada a los viajeros en bicicleta.
Me sentía cansado y feliz al mismo tiempo. He elegido la aventura; si no estuviese contento al final del día, significaría que la elección que he tomado no ha sido la correcta.

Hoy en día eres un veterano de los viajes en dos ruedas, ¿qué consejos puedes dar a quienes quieran hacer un camino parecido al tuyo?
El primer paso concreto a la hora de organizar un viaje en dos ruedas es recopilar información sobre el destino y, por tanto, sobre el equipo que es necesario llevar; en internet se puede encontrar bastante material. Es hermoso vivir la aventura en plena libertad, pero una buena planificación también es necesaria. Viajar en bicicleta significa contar solo con uno mismo; por eso, cuando sucede algo inesperado (y sucede siempre, os lo aseguro), es importante estar preparado para lidiar con ello

¿Cuál ha sido la experiencia más extraña y peculiar que has experimentado durante este mes en la West Coast?
He vivido una experiencia especial en la isla de San Juan, en el norte de Seattle, donde he descubierto que los estadounidenses son un pueblo realmente acogedor. A través de Warmshowers, conocí a Brendan, una persona que, a pesar de estar fuera de la ciudad por trabajo, me permitió dormir en su casa. Esa noche había mal tiempo y no había encontrado alternativas para dormir, pero gracias a él pude descansar en un sitio seco y calentito.
Me ha sorprendido que una persona desconocida me prestase la casa para dormir, por la confianza y la amabilidad que ello implica; al mismo tiempo, sin embargo, admito que no me sentí demasiado cómodo esa noche.

Estas son las imágenes, las sugestiones y los fragmentos de la aventura que nuestro ciclista explorador nos ha contado.
A Roberto Cassa le encanta conocer nuevos territorios y contarlos desde la perspectiva de su bicicleta. Esta es su misión, su dimensión, su vida.
Después de Islandia, Japón, Irlanda en patinete, Taiwán, Nueva Zelanda y la West Coast de Estados Unidos, ¿cuál será su próximo destino?
No lo sabemos. Lo único cierto es que Roberto no se quedará quieto. El arameo antiguo puede esperar.

 

 

Comentarios 0